19 noviembre 2010

Muchos de nosotros, en los afanes del diario vivir nos programamos para estudiar, para ir al trabajo, para ejercitarnos físicamente, para salir de compras, para ir con los amigos al cine, para ir al estadio, para cenar, etc.  Todo esto es bueno, pero algo mejor dejamos fuera de nuestra agenda... nuestra íntima relación con Dios.  ¿Cuándo fué la última vez que con sinceridad fuiste a misa, o al culto, o a tu congregación?. 

A la iglesia vamos por motivos obligados: Novenarios, sepelios y otros, o porque el Pasto dice que vayamos.  Pero casi nunca por convicción o por agradecimiento ante las misericordias de Dios.  El salmista nos enseña:  Cuan amables son tus moradas o Jehova de los ejercitos, anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehova, mi corazón y mi carne claman al Dios vivo.

No apagues ese clamor a Dios, Dios nos ama... y quiere hablarnos, saquemos por tanto un espacio para escuchar en lo profundo de nuestro ser la voz de Dios, cualquier día de la semana es maravilloso para congregarnos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario