13 enero 2009

Adios... Henry


Henry, así le conocí y le llamé siempre a mi buen amigo.  Diremos entonces que no hay muerto malo, pero para el caso de mi gran amigo era una gran persona, dotada de virtudes y defectos como todo ser humano, pero con la capacidad de valorar y apreciar el valor que vale tener amigos.

Henry se fué anoche, y su partida fué fugaz y repentina.  Es que la muerte no avisa y cuando toca... toca.  No quizo ir a misa anoche, no se quizo despedir de Robert el amigo de los perros, tampoco quizo mirar por última vez la estatua de Bolívar, ni el nuevo monumento ubicado en pleno centro del pueblo, no quizo degustar las empanadas, caramañolas y fritos de la Plaza, no quizo volver a la Iglesia que hoy le dará su último adios.

Henry murió víctima del sicariato que toca todas las esferas sociales del pueblo y del país, murío despiadadamente en la sala de su casa, salió a abrir cuando la muerte tocó su puerta y recibió mortales disparos que acabaron con sueños, expectativas y planes para él y su familia.  No quisiera imaginarme esa escena con su esposa e hija junto a él, hasta en eso Henry fuiste prudente buen amigo.

Hoy todo sigue igual, muchos salimos a trabajar, a estudiar y a realizar las actividades que hoy nos competen, sin embargo, no caemos en cuenta que estamos asisitiendo a un acto tenebroso en nuestro pueblo donde hoy somos simples espectadores, Dios quiera mañana no seamos los protagonistas de asesinatos inexplicables, sin sentido y sin razón.

¿Tendrá Turbaco en sus fuerzas policiales la capacidad efectiva para ampararnos frente a estos grupos de matones?, ¿Cómo y Cuándo perdimos la tranquilidad que nos caracterizaba?, ¿Estaremos preparados para enfrentar tal situación?... Solo Dios sabrá en sus inescrutables designios.

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